domingo, 26 de enero de 2020

Alan Smithee, uno de los peores y mas prolíficos directores del Cine (y Televisión, y videojuegos y...)



Articulo original de Jotdown.

¿Se imaginan ustedes un director con la impresionante cifra de más de cuarenta películas en treinta años de carrera? ¿Que además tuviese una decena de créditos televisivos? ¿Más de veinte de videoclips con algunas de las mayores estrellas del pop y del rock de la historia? ¿Que hubiese hecho incluso cómics, pornografía, videojuegos y hubiese actuado en sus propias películas? 
¿Un director que pese a todo ello, o mejor dicho, por todo ello, hubiese visto su carrera, desde su primera obra, manchada por la polémica, el rechazo, denuncias, envidia, odio y venganzas?
Ese director se llama Alan Smithee.
¿No les suena? Hay una explicación. Como dice el Apocalipsis, aunque sea cinematográfico, es Legión, es decir, son muchos en uno.
Hollywood antes de Alan Smithee
Para entender esta paradoja, hay que comenzar explicando de forma somera cómo se otorgan los créditos en esa entidad-lugar compleja, fascinante y esencia del siglo XX que llamamos Hollywood. 
En efecto, como ya explicamos en un artículo anterior, la lista de nombres que corre en cascada antes y/o después de una película es definida, no por los productores (como ocurre en España, con la «transparencia» habitual de nuestra industria), sino por un organismo independiente; en el caso de los guionistas, la WGA. Los directores tienen la DGA, o Director’s Guild of America. 
Fundada en 1936, es un sindicato (craft union) que representa los intereses de directores de cine y su equipo cercano, como los ayudantes de dirección, en cine, televisión, documental, publicidad, etc. Con nombres en su presidencia como King Vidor, Frank Capra, George Marshall, Joseph L. Mankiewicz, Robert Wise, Robert Aldrich o Martha Coolidge (la primera mujer en presidir, en 2002), tiene unos dieciséis mil miembros.
Una de las funciones básicas de la DGA es dirimir créditos. Si bien en el mundo del guion hay multitud de combinaciones posibles (idea original, historia, guion, reescrituras, revisiones, asesorías, script-doctoring) que tienen como objetivo que todo aquel que haya podido colaborar en el guion vea su aportación justamente reconocida, en el personalista universo de la dirección de cine prevalece una regla: lograr por cualquier medio que el crédito de dirección se otorgue a solo una persona.
Este objetivo tenía y tiene una finalidad clara: reforzar la auteur theory, esa que dice que pese a que el cine es un proceso industrial y colectivo en el que intervienen cientos de personas, una sola de ellas es el responsable estético, narrativo, visionario y de autoridad del resultado final: el artista. Con ello además se quiere evitar que la injerencia de productores, actores, resto del equipo, además de familiares de los citados y gentes cualesquiera que pasaran por ahí —como suele ocurrir— opinen. Hay, en fin, toda una historia de los grandes hallazgos, diálogos, escenas y soluciones acreditadas a directores y que no les salieron de sus magines, pero eso es material para otro artículo.
Hay, en todo caso, una excepción a la regla del director único, por supuesto, y son los equipos creativos, como los hermanos Coen, las hermanas Wachowski, los hermanos Hughes, los hermanos Russo y muchos otros, aunque no sean hermanos, y aquí hay material anecdotario tan sabroso como, por ejemplo, que en Sin City la DGA rechazó el crédito conjunto de dirección a Robert Rodriguez y al dibujante Frank Miller por la «peregrina» razón de que no habían trabajado juntos; en honor a Rodríguez hay que decir que se dio de baja en la DGA para que Miller pudiera finalmente compartirlo.
Y es que no tanta gente se siente cómoda bajo el paraguas a priori protector de la DGA: algunas celebrities de la dirección como George Lucas o el Quentin Tarantino de las seis primeras películas consiguieron no pertenecer al lobby en cuestión, aunque es difícil no hacerlo: cualquier gran estudio exige al director su pertenencia para garantizar un mínimo de buenas prácticas y, como en cualquier sindicato, poder presionar sobre los mandamases como lobby. Ser de la DGA tiene otra pega: los directores están obligados a no firmar su obra con seudónimos.
Sin embargo, en 1968 hubo un problema.
Nace una estrella y se llama Alan Smithee
Robert Totten era un experimentado y respetado director de televisión, que como tantos de ellos estaba en busca de su particular grial: saltar de la pequeña pantalla al mundo del cine. No iba mal encaminado, pues había demostrado sus capacidades dirigiendo series como la bélica The Galant Men, el wéstern The Legend of Jesse James y acabaría dirigiendo episodios de Kung Fu; es recordado sobre todo por la serie Gunsmoke, uno de esos seriales clásicos de la CBS que estuvo veinte años en antena, del tipo que Tarantino recuerda en su Érase una vez en Hollywood.
El caso es que la gran oportunidad del bueno de Totten llega en 1969, cuando nada menos que Don Siegel (La invasión de los ladrones de cuerpos, Harry el Sucio, La fuga de Alcatraz y varios vehículos más para Clint Eastwood) recomienda a Totten para un wéstern crepuscular llamado Death of a Gunfighter. Totten acepta y comienzan los problemas.
Pese a su experiencia en el wéstern clásico, Richard Wildmark, estrella de la película y villano arquetípico de los años cuarenta, no se entendía con Totten, desacuerdo que acabó en animadversión, y tras un año de choques terminó forzando su despido. Se le dio así a Siegel el regalo envenenado de tener que terminar de dirigir la película de su recomendado, pero al acabar lo que él entendió como un trabajo menor (en realidad rodaron casi el mismo metraje), este decidió que no debía ser su nombre el que estuviera en los créditos, sino el  de su amigo Totten. A lo que, por supuesto, se negó Wildmark, pero no importaba: el mismo Totten, con un cabreo considerable, tampoco quería ya firmar la peli. 
Pero esta no se puede estrenar sin un director en los créditos. ¿Qué hacer?
La DGA, por primera vez en su historia, se encontró con una patata —o más bien una pistola— caliente en las manos. No se podía estrenar sin crédito de director, y los estatutos decían claramente que el auteur no podía usar un pseudónimo. Así que llegaron a una solución intermedia: crear un pseudónimo, sí, pero oficial, para futuros casos en los que un director, al sentirse maltratado por el estudio, rechazara el crédito. O, como el tiempo probaría, también para aquellos a los que se les arrebatara por malas prácticas.
Nace así «Alan Smithee», de quien el mismísimo Roger Ebert consideró su primera película como «un wéstern extraordinario… de un nombre que no me resulta familiar». 
No es mi película, es de Alan Smithee
¿Por qué llamarle Alan Smithee? A priori, lo que se quería era un nombre suficientemente común como para no llamar la atención, pero que no se hubiese usado antes en Hollywood. La propuesta inicial fue de «Alan Smith», pero claro, ya estaba en uso, por lo que se modificó hasta lograr una sonora peculiaridad que garantizara el anonimato perfecto. 
Pero por otro lado el nombre tenía que servir a los miembros de la industria como un aviso a navegantes público y vergonzante que advirtiera a futuros directores de que la productora había interferido con el trabajo de un colega. Otra razón es que, llegado el caso, si una mujer lo requiriese, podría ser acreditada como «Alana Smithee». Nunca ocurrió. Un detalle más: para aquellos que gusten de la conspiración, un rumor dice que en realidad es un anagrama de «the alias men». 
La decisión de acreditar a Smithee no es, en todo caso, baladí: recordemos que elegirle como director equivale a perder la autoría de la obra, lo que puede desearse para mantener la reputación propia, pero con ello también se renuncia los futuros royalties (residuals) que la cinta producirá igualmente. Y además, según las reglas del sindicato, el director tendría prohibido hacer públicas las circunstancias que rodeaban al abandono de la película o incluso reivindicarse en el futuro como director de la misma.
El seudónimo, y la solución, agarraron fuerte: el mismo año lo reclama Jud Taylor, otro director televisivo con créditos como El fugitivo, The Man From UNCLE o Star Trek (lo que invita a pensar si estas presiones no eran más comunes de lo que parece). Taylor intentó también dar el salto al cine con Fade In, un infumable wéstern de Burt Reynolds (quien dijo que «debería de haberse llamado Fade Out»), para cederle el mérito a Smithee, y volvió a pedir el crédito maldito con la pésima City in Fear, protagonizada por David Janssen y Mickey Rourke.
Fue común, a partir de entonces, que numerosas películas acabaran siendo dirigidas por Smithee, la mayor parte de ellas de nombres que nunca arraigaron en el imaginario cinematográfico y que hoy en día son carne de aficionados al más chungo terror, a la serie B o a las clasificadas como «R»: películas que en general fueron basura ochentera y carne de videoclub, bodrios añejos que hacen las delicias de los fans hoy en día, y de las que sus directores se alejaron como si fueran la peste misma.
Créditos de Dune.
Entre ellas está la parodia Student Bodies de 1981, un spoof de los slasher contemporáneos realizada casi treinta años antes de Scary Movie, dirigida y rechazada por Michael Ritchie (The Candidate, The Bad News Bears y varias comedias de Chevy Chase). También tenemos Appointment With Fear (1985), por la que Ramsey Thomas se escondió con razón tras Smithee tras pergeñar una escena final que incluía un bebé de ojos verdes poseído por el espíritu de un asesino. 
No olvidemos películas tan olvidables y olvidadas como Ghost Fever, cuya discutible premisa trata de dos detectives negros atrapados en una antigua plantación de esclavos, y de la que un tal Lee Madden se alejó todo lo posible, sin éxito a juzgar por el resto de su apestada carrera posterior. O el documental Wadd, sobre la estrella porno John C. Holmes, tocada y hundida por los asesinatos de Wonderland, dirigida por un cierto Cass Paley, del que no se ha vuelto a saber nada. Citemos también el prometedor título Bloodsucking Pharaohs in Pittsburgh de un señor llamado Dean Tschetter, cuyo último trabajo ha sido en el departamento de arte de Mary Poppins Returns.
Pero el talento de Alan Smithee no solo ha ocultado a directores olvidados; en su momento grandes estrellas, franquicias o actores en mejores o peores momentos de su carrera han sido dirigidos por él. El director Stuart Rosenberg, tras haber dirigido varias películas con Paul Newman, entre ellas Cool Hand Luke, además de a Jack Lemmon o a Robert Redford, se encontró a los mandos un bodrio de acción llamado Let’s Get Harry que poco hizo por las carreras de Robert DuvallMark Harmon o Thomas F. Wilson (Biff de Regreso al Futuro).
Incluso un actor/director/autor tan especialito como Dennis Hopper cedió a Smithee su crédito del thriller Catchfire, que contaba con el increíble elenco de Jodie Foster, Vincent Price, Charlie Sheen, John Turturro, Joe PesciCatherine Keener o, alucinen, Bob Dylan, además de, por supuesto, él mismo (aunque hay que aclarar que a la versión en VHS, con dieciocho minutos más, sí le prestó su nombre). Dan ganas de ver también Solar Crisis de Richard C. Sarafian, director de la gran Vanishing Point y que, a los mandos de una coproducción japonesa-americana sin actores japoneses pero sí con Charlton Heston, Jack Palance y Peter Boyle (literalmente, El jovencito Frankenstein) terminó por aceptar que su trabajo lo firmara, claro, Alan Smithee.
Hitchcock se habría tragado el puro tras ver Los Pájaros II de Rick Rosenthal (director original de Halloween II Halloween: resurrection) y la franquicia Hellraiser presenta una aparición estelar de Smithee en su cuarta parte, Bloodline, después de que cambios en el montaje eliminaran veinticinco minutos de película. Por otra parte, River Made to Drown In es uno de esos monstruos improbables en los que el desastre se veía de lejos, un drama familiar con Richard Chamberlain (El pájaro espino), Michael Imperioli (Christopher Moltisanti en Los Soprano), James Duval (Donnie Darko) y, sorpresa, la cantante Ute Lemper, que muy seguramente no sabía dónde se metía, y cuyo director James Merendino se desentendió totalmente de la película, por lo que tuvo que acabarla, lo han adivinado, el infalible Smithee. Acabemos esta sección con un tipo llamado Kiefer Sutherland, que tras protagonizar y dirigir Woman Wanted en 1999 finalmente decidió que solo quería crédito por lo primero; tiene además el dudoso honor de haber sido la última película en ser atribuida al bueno de Alan.
Lo que no quiere decir que fuese el último crédito que atribuirle. Nuestro nuevo director favorito ha trabajado también en televisión, vídeo musical e incluso animación y videojuegos.
En efecto, sonoros títulos como McGyverTiny Toon Adventures, La Femme Nikita o The Twilight Zone (serie a la que volveremos más adelante, por una razón mucho más seria) tienen en su trayectoria episodios dirigidos por Alan. Y videoclips como «I Will Always Love You» de Whitney Houston, «Digging the Grave» de nuestros adorados Faith No More, «Victory» de Puff Daddy feat The Notorious B.I.G y Busta Rhymes, y un largo etcétera que incluye nombres como Blondie y Roman CoppolaJennifer Lopez y Francis Lawrence, Destiny’s Child y Marc Klasfeld e incluso Metallica en su infame «Some Kind of Monster».
¿Quieren más despropósitos? En Estados Unidos, una película con tacos, blasfemias o el más nimio erotismo será censurada, cortada y remontada por la productora para emisión en aviones, autobuses y similares, y no se extrañen, pues, si encuentran que títulos como Dune (David Lynch), el anime Gunhed (Masato Harada), The Guardian (William Friedkin), ¿Conoces a Joe Black? (Martin Brest) o incluso Heat de Michael Mann fueron, en realidad, dirigidas, lo han adivinado, por Alan Smithee.
Y es que Alan también ha escrito cómics como Daredevil, ha tocado la guitarra con frikis de internet, dirigió el trailer de Metal Gear Solid 4 para Hideo Kojima, le puso voz a personajes de Street Fighter X Tekken, e incluso, no podía faltar, dirigió un vídeo para el señor Burns en un episodio de la décima temporada de The Simpsons.
Smithee por imposición: el terrible caso de John Landis
Iba a ser una de las grandes películas de 1983 y Hollywood se frotaba las manos: el milagro del mainstream y rey de los ochenta Steven Spielberg estaba produciendo una película antológica de The Twilight Zone, la exitosísima serie de televisión creada por Rod Serling en 1969 y que había formado parte de sus influencias primigenias.
Junto a él, lo mejor de una generación de jóvenes directores influidos por su padrino y cuyas carreras estaban destinadas a marcar una generación: Joe Dante (que pronto haría Gremlins), George Miller (Mad Max) y un tal John Landis, cuyo futuro hollywoodiense prometía a juzgar por The Blues Brothers Un hombre lobo americano en Londres.
Cada uno de ellos, incluido Spielberg, habría de dirigir un episodio, con Landis como estrella ocupándose además del prólogo y el epílogo. Su segmento, titulado «Time Out», contaba como un racista viajaba en el tiempo y sufría un mal karma de persecuciones en la Francia ocupada por las SS, el KKK en el Sur y en Vietnam por soldados norteamericanos.
Es precisamente durante el rodaje de esta parte cuando se desató la tragedia: mientras rodaban una escena, el actor Vic Morrow, famoso sobre todo por su trabajo televisivo, y los niños Myca Dinh Le y Renee Shin-Yi (siete y seis años respectivamente) fallecieron cuando les cayó encima un helicóptero cuyo rotor trasero sufrió daños por la cercana explosión de una carga de efectos especiales.
Landis y otros cuatro miembros de su equipo fueron acusados de homicidio involuntario. En efecto, había infringido la legislación californiana con respecto a la contratación de niños, y la acusación trató de demostrar que el director fue imprudente, no informó a los padres de los peligros e ignoró las múltiples advertencias de su equipo, que al parecer avisaron de los riesgos de la escena tal y como la quería rodar. Landis y el resto de los acusados fueron absueltos, y terminaron pagando una millonada a las familias de los fallecidos, entre ellos a la hija de Morrow, una veinteañera llamada Jennifer Jason Leigh.
Como resultado del fallo, el nombre del segundo ayudante de dirección Andy House fue eliminado de los créditos, y en su lugar firmó Alan Smithee. Landis pudo firmar todo lo rodado y estrenado con su propio nombre, pero como por justicia divina,su carrera ya no remontó, como él mismo reconoció en 1996 hablando para The Financial Times. Parece que su amistad con Spielberg terminó en aquel momento, de cuyas declaraciones rescatamos esta: «Si algo no es seguro, es el derecho y la responsabilidad de cualquier actor o miembro del equipo es gritar «¡Corten!»».
Alan Smithee ha muerto, larga vida a Alan Smithee
A la muerte de Alan Smithee contribuyó un factor que, como en un final perfecto made in Hollywood, le terminan dando a su vida y muerte una dimensión redonda e irónica.
En 1997 se estrena el falso documental An Alan Smithee Film: Burn Hollywood Burn. Protagonizada por el Monty Python Eric Idle y con un cast bizarro que incluyó a Ryan O’NealCoolioSylvester StalloneChuck DJackie ChanWhoopi Goldberg o (wtf!Harvey Weinstein, cuenta la historia de un director llamado, claro, Alan Smithee, que huye con el negativo de su película, horrorizado por el montaje que le ha impuesto el estudio.
Escrita y producida por Joe Eszterhas (Showgirls), ganó cinco premios en los Razzie, incluyendo, claro, «peor película». Solo se estrenó en diecinueve cines y Roger Ebert le dio cero estrellas. Hoy en día tiene un 8% de aprobación en Rotten Tomatoes y el propio Idle comentó durante la promoción que le parecía «horrible». Sin embargo, y aunque muy poca gente la vio, la polémica llegó a foros y redes internáuticos de entonces y popularizó el nombre de Alan Smithee (y lo que había tras él) entre el gran público. Ya no era un secreto de la industria, Smithee había alcanzado la gloria popular que merecía.
¿Se imaginan cómo acaba la cosa? Como la posmodernidad manda, la profecía se cumplió y el director Arthur Hiller, tras ver el montaje de Eszterhas, decidió retirar su nombre y acreditar a Alan Smithee en su lugar. 
Si bien algunos críticos lo consideraron un truco para atraer la atención sobre la película, preferimos quedarnos con la justicia poética: en el año 2000, la DGA dejó de usar oficialmente el seudónimo en cuestión y ahora permite el uso de otros.
Parece ser que el nombre «Alan Smithee» había sido asociado con demasiadas películas malas.

miércoles, 8 de enero de 2020

La mejor escena en toda la saga crepúsculo

O la única escena buena en toda la saga, si, las cinco películas.




Solo imagínense la cara de las/los que leyeron los libros (si, dije las/los, por alguna incognoscible razón crepúsculo tiene fans masculinos) al ver esta escena.

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Netflix ha hecho una película sobre cuan gay es Jesús (si, el de Cristo)

Bueno, no Netflix exactamente, solo la adquirió y la puso en su catalogo.




Vale la pena investigar cualquier cosa que enoje a las personas por el mero hecho de existir. Así que lo hice. La película es muy real y hay una petición de Change.org para eliminar la película que tiene más de 1.3 millones de firmas y contando ... pero es posible que no haya oído hablar de ella porque es de Brasil y completamente en portugués.
La película no es realmente una "película", es una comedia especial a bajo precio del grupo brasileño Porta dos Fundos (literalmente "la puerta trasera") y se llama "La primera tentación de Cristo". Tiene valores de producción un poco más altos que un sábado por la noche Skit en vivo. Tiene una duración de 45 minutos y gira en torno a Jesús apareciendo para una fiesta sorpresa de 30 cumpleaños con un nuevo "amigo" con el nombre de Orlando.


Y como  se imaginaran hay mucha indignación, gritos de ¡Blasfemia! ¡Herejía! ¡Esto nunca se lo hubieran hecho a Mahoma! etc, etc, Esta es una película -apenas, pues solo dura 45 minutos- cuya intención es ofender a todos por igual, con chistes sobre el hinduismo, la cienciologia y el novio de Jesús, Orlando, es una suma de todos los estereotipos gays posibles. Y de hecho hubo una película -de calidad incluso peor- sobre Mahoma y que resulto ser bastante ofensiva, y causar varias muertes.







domingo, 1 de diciembre de 2019

¿Batman Returns demasiado violenta para niños? y otras controversias que afectaron a las películas de DC antiguas


“Aquellos que olvidan la historia corren el riesgo de repetirla”, y en el caso de Warner Bros. parece ser más que cierta esta afirmación.
Resulta curiosa la forma en que los productores de Warner Bros. han sido, en parte, los responsables de posicionar a los personajes de DC como referentes para el público masivo en el cine; para en un momento de crisis, optar por comprometer la visión del realizador en pos de unas mayores expectativas de comercialización.
Aunque es un movimiento lógico por parte de un estudio de alto calibre, éste actuar ante unas reacciones polarizadas del público acaban provocando que descarten todo aquello que directores y creativos consiguieron levantar pero no finalizar como hubiesen deseado. Zack Snyder fue el caso más reciente que se ha sumado a esta lista del quiero y no puedo de DC en el cine. Y sí, ha habido otros casos.

Richard Donner y Superman II

Superman 1978
A finales de los años setenta, tras tensiones con los productores Alexander Salkind e Illya Salkind dueños por aquél entonces de los derechos cinematográficos de Superman—, Richard Donner, realizador de “Superman: The Movie” abandonó la dirección de la secuela “Superman II” por diferencias creativas y presupuestales, en los albores del cine de superhéroes.
Donner deseaba que Superman: The Movie y Superman II fuesen una historia épica de dos partes pero tras las luchas de poder con sus productores, abandonó la silla de director. Poco después, entró Richard Lester para terminar el segundo filme de Superman, quien que ya había trabajado anteriormente con los Salkind. Aunque Donner ya había grabado la mayoría del metraje, éste fue archivado y reemplazado por uno nuevo que rodó Lester, quien dado su bagaje en películas de comedia, empleó un tono de comicidad en contraposición con el estilo estoico y épico que usó Donner en su filme. Personajes prominentes fueron descartados, inclusive varios actores expresaron su descontento. ¿Resulta familiar esta situación?
Imagen de Superman y Jor-el en la Donner Cut de Superman II
La diferencia entre Richard Lester y Joss Whedon es que el primero tuvo el tiempo necesario para terminar “Superman II” y entregar una película competente que por al menos 25 años fue una secuela oficial y —hasta donde se le puede apreciar— decente aunque con algunos fallos y cuestionamientos controversiales.
Después de años de peticiones a Warner Bros., Superman II: The Richard Donner Cut se lanzó al público en noviembre de 2006. Todo esto fue gracias a la insistencia de fanáticos y público que en plena era pre-redes sociales, consiguieron hacer eco para que el propio Richard Donner, con ayuda de archivos de metraje, lanzará a la luz lo que iba a ser la conclusión de su historia casi tres décadas después de haber dejado la silla del director. ¿Zack Snyder no puede o merece hacer lo mismo ahora?

Tim Burton y Batman

BATMAN 1989
La exitosa Bati-franquicia iniciada por el director Tim Burton en 1989 con “Batman” también cayó en picado tras dos excelentes entregas que actualmente son consideradas clásicos, con “Batman Returns” de 1992 considerada como el punto crítico en el que la franquicia cambió su dirección.
Este punto de inflexión se debió, en parte, a una reducción de más de la mitad de taquilla en comparación a su predecesora —266 millones frente a 411 millones generadas por la primer entrega— así como a críticas que señalaban que la cinta era demasiado oscura y violenta para lo que una película de superhéroes debía ser. Esto generó cierto conflicto con la comercialización de las licencias de las películas, sacrificando la visión artística que ya tenían; curiosamente la misma que les dio un estatus de clásicos.
Aquí un ejemplo de los comentarios y pensamientos que se tenían del segundo filme de Batman en 1992. Varios de ellos son los mismos que resonaron en primavera de 2016.


Posteriormente Burton se apartó y relegó al director Joel Schumacher cambiando el tono y regresando al estilo camp  que caracterizó la etapa de Adam West como el personaje en su serie de los 60. Un estilo que Burton ignoró, y aunque mantuvo el sello personal que él quería para el personaje, también adoptó el estilo lúgubre y sombrío que el Caballero de la Noche estaba empezando a redefinir gracias a los cómics en esa época. Afortunadamente, el realizador pudo finiquitar  su obra sin remordimientos al respecto.
Tanto el Hombre de Acero como el Caballero Oscuro vieron cómo sus terceras y cuartas entregas se volvieron infames y mediocres parodias, con apenas una fracción de las cifras que habían generado en sus primeras dos entregas, colocándose actualmente entre los peores ejemplos que cine de superhéroes con apenas elementos rescatables y que casi acaban con las películas de este tipo antes de que comenzara su auge. Todo esto en los ochenta y noventa.
El estudio y las personas a cargo a lo largo de las épocas mencionadas trabajaron a favor de la comercialización y les salió el tiro por la culata. Subestimaron a su público entonces y lo volvieron a hacer el 17 de noviembre de 2017.

sábado, 9 de noviembre de 2019

xfilesposterproject, posters de series del artista J.J. Lendl

J.J. Lendl es un artista que decidió iniciar un singular proyecto: crear un póster de estilo retro para cada uno de los capítulos de la clásica serie Los Archivos Secretos X, si, los 218.

Ahora ha ampliado su repertorio para incluir posters de capítulos de Star Trek, como DS9 o Discovery, y películas clásicas, aquí pueden ver su blog oficial.

Y a continuación algunos ejemplos:




















lunes, 23 de septiembre de 2019

Raiders of the Lost Archives (O la inspiración para Indiana Jones)



Recopilación -que aparentemente se tardo dos años en lograr- y comparación plano a plano de los primeros 13 minutos de Indiana Jones y los cazadores del Arca Perdida con viejas películas de aventuras de 1913 a 1973.